sábado, 20 de junio de 2009

Nadando voy. Nadando vengo, vengo.

Se siente. Se ve. Se nota que poco a poco la situación progresa adecuadamente. Y lo digo porque ya casi no noto esa sensación de presión en el pecho y de ahogo en el cuello, antes de romper a llover. Se puede decir que en ocasiones bien o mal logro ordenar mi cerebro con un hilo muy fino de ‘luz’ que ata mis pensamientos que están completamente abarrotados; Sé que es casi imposible nadar en este mar de dudas y más si por las noches es cuando nado. Abrir paso por las aguas profundas de mi mente es imposible y más cuando hay tempestad. Pero como es imposible, LO HAGO a cada rato. Intensamente nado hasta ya no sentir los brazos. Hasta que me canso lo demasiado para los ojos cerrar y dejar de soñar. Y por eso (sólo por eso), a la superficie nunca lograré llegar. Así o asá que conste que fe en el porvenir nunca me faltará.


PD: Nunca hice de un vaso de agua una tempestad.

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